
A lo largo de nuestra vida nos encontramos a diario y de cara con el Amor,
sin embargo muy pocas veces lo reconocemos como tal,
porque el Amor es una complicada realidad en la que están implicados muchos aspectos.
El hombre es un ser dotado de inteligencia y libertad,
inclinado al bien por naturaleza,
que domina su voluntad y tiene la capacidad de amar,
tiene la necesidad de amar y de ser amado.
Solo él actúa movido por el Amor,
que es el impulso, reconocido o no,
que nos mueve a vivir por nosotros y también para los demás,
a tirar del carro de la vida por muy adversas que sean las circunstancias.
Amor que exige una entrega personal y el hombre dotado de libertad tiene la posibilidad de entregarse.
Pero esta entrega requiere que reconozca un “bien” que desee proteger o tener,
un “bien” que le da sentido a esa entrega.
Esa “lucha” por alcanzar el “bien” que le da sentido a la vida esta movida por el Amor,
y nos hace trascender espiritualmente, nos hace realizarnos como persona.
El primer efecto del Amor es que la persona amada “se reafirma como persona”,
la lleva a buscar el apogeo de la perfección que la llena como humano.
Cuando alguien no alcanza la meta de “hacerse ser” cuando alguien “es nadie”,
Cuando alguien no alcanza la meta de “hacerse ser” cuando alguien “es nadie”,
es porque ninguna otra persona la ha hecho término de su Amor, porque no ha sido amada.
Pero el hombre es Amor, y si no es Amor no es hombre,
es un ser frustrado, un ser reducido a “cosa”.
El hombre se encuentra a sí mismo cuando se entrega por Amor a otro.
El Amor es la meta última a la que un ser humano aspira.
Necesitamos manifestar que amamos y necesitamos sentir que el otro nos ama.
Necesitamos reconocernos amados y hacer saber al otro que le amamos.
Este “lenguaje” es necesario en la infancia y también es necesario en el adulto
para mantener el equilibrio afectivo como persona.
El Amor es entrega total.
No es la efusión del instinto,
es la voluntad libre de crecer junto a otro ser,
sin reservas y sin cálculos, con alegrías y con penas,
amando no por lo que de él recibo sino por lo que le puedo dar.
Y sí la entrega no es total no es Amor,
es solo un engaño con los días de supervivencia contados.
El Amor es desprendimiento de todo egocentrismo.
El que ama se olvida de sí para procurar el bien del otro y sin tramarlo obtiene su propio bien.
La propia donación en pro del bienestar y la felicidad del otro es la esencia del Amor,
y la medida de la entrega es la medida de la propia alegría.
Olvidándose de sí mismo y buscando y dando Amor, el hombre alcanza su trascendencia.
Trascendencia que se manifiesta en forma de humanidad,
en forma del Amor que cada uno es capaz de dar.
La felicidad del hombre está en el Amor y se mide a través del Amor.