
Hay quien miente con el pensamiento y con las palabras,
quién miente con su misma vida.
Miente con su vida el lujurioso que se precia de casto;
el avaro que habla de limosnas y elogia la caridad;
o también el orgulloso que elogia la humildad.
No la elogia con intención de recomendar la virtud
sino que para cubrir su propia vergüenza
pone por delante el nombre de la virtud hablando de ella como si él fuese virtuoso.
Y muchas veces lo hace para hacer daño y engañar a alguien,
ya que ninguna maldad,
ninguna herejía,
ni el mismo diablo podrá engañar
si no es simulando una virtud.
De esta manera,
sea para evitar la humillación o por vergüenza,
o con el objeto de seducir y engañar a alguien,
de obtener de esa persona lo que él quiere para su interés,
el mentiroso habla de las virtudes,
las alaba y admira,
como si él mismo las hubiese adquirido.
Así es el que miente con su propia vida.
No es simple, sino doble.
Es uno por dentro y otro por fuera.
Toda su vida no es más que duplicidad y farsa.
quién miente con su misma vida.
Miente con su vida el lujurioso que se precia de casto;
el avaro que habla de limosnas y elogia la caridad;
o también el orgulloso que elogia la humildad.
No la elogia con intención de recomendar la virtud
sino que para cubrir su propia vergüenza
pone por delante el nombre de la virtud hablando de ella como si él fuese virtuoso.
Y muchas veces lo hace para hacer daño y engañar a alguien,
ya que ninguna maldad,
ninguna herejía,
ni el mismo diablo podrá engañar
si no es simulando una virtud.
De esta manera,
sea para evitar la humillación o por vergüenza,
o con el objeto de seducir y engañar a alguien,
de obtener de esa persona lo que él quiere para su interés,
el mentiroso habla de las virtudes,
las alaba y admira,
como si él mismo las hubiese adquirido.
Así es el que miente con su propia vida.
No es simple, sino doble.
Es uno por dentro y otro por fuera.
Toda su vida no es más que duplicidad y farsa.